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EL EXPRESIONISMO Y MURNAU

 

 

Contemporáneo de la primera avanzada fílmica mundial (años 20 y 30), el Expresionismo en el cine inaugura un recorte pleno de significaciones esenciales. Los efectos estéticos emanaban de un movimiento que encarnaba contradicciones estridentes de una época. Contradicciones que estaban en permanente expansión y que el expresionismo deconstruye hurgando en sus determinaciones e imponiendo las propias: impulso vital contra la representación, vivificación del espacio, alternancia lumínica. Lejos de una concepción fácil y mecanicista que postulaba a la imagen cinematográfica como espejo del mundo, el Expresionismo se constituyó  a partir de la búsqueda de los fundamentos del ser del cine en el cine mismo. Tuvo verdaderas eminencias entre sus cultores; entre ellos F.W. Murnau, a quien se utiliza en esta nota como modelo para analizar las estrategias metafísicas del expresionismo como movimiento precursor y transformador del espacio cinematográfico.

 

Un acontecimiento central de nuestra época es el descubrimiento de la cámara cinematográfica y de sus posibilidades. Me parece conveniente, si queremos decir algo al respecto, detenernos en unos de esos grandes momentos. El momento del Expresionismo y de uno de sus cultores: Friedrich Wilhelm Plumpe, que los filos conocen con el nombre de Murnau.

Es conveniente mencionar todos los hechos importantes, pero la multiplicidad y la complejidad de los mismos, me obliga a restringirlos. Comenzaré examinando la palabra Expresionismo. Worringer invocaba en ella la oposición del impulso vital a la representación, insinuada por la línea quebrada del gótico. Que un concepto desprendido de la arquitectura implique las aventuras de El Golem (Paul Wegener, 1920), El gabinete del Dr. Caligari (Robert Wiene, 1920) o Nosferatu (F.W. Murnau), no es disparatado ni casual. Hay en el arte gótico el resabio de antiguas tradiciones hebreas, heredadas literalmente de la Torá o de las interpretaciones cabalísticas de la misma. Referiré primero las que conciernen al espacio en la concepción de algunos cabalistas españoles muy antiguos, que consideraban a la Torá un cuerpo viviente con un alma. Chicatilla y Recanati, por ejemplo, declaran que la Torá es un organismo viviente que ha sido tejido con nombres sagrados; salvo que decir “sido tejido” es una expresión metafórica. No quiero extenderme demasiado, sólo quiero señalar su influjo, que espero no les parezca remoto, en la concepción de un espacio animado.

 

Hasta la aparición de El gabinete del Dr. Caligari, los decorados y el fondo no había sido otra cosa que el marco para la gesticulación de los rostros y la actuación de los personajes. Una acción necesitaba porciones de espacios determinados para ser contextualizada o verosímil; incluso para resaltar una estética organicista como en el cine de Griffith o un procedimiento dialéctico como en el de Eisenstein. En el Expresionismo el espacio cobra una independencia sustancial que adquiere voz y presencia, formas y valores de color. Se ha vivificado pero de una manera extraña que permitirá el desprendimiento, desde un fondo informe, de lo inanimado que cobra movimiento. Esta peculiar manera de concebir el espacio tuvo inmediatas consecuencias, por eso es apropiado evocar las que repercutieron en Murnau. La dinámica de sus encuadres anima el espacio que se mezcla con la acción y se expresa conflictuando la vida inerte de las cosas. El contorno se torna impreciso por las líneas quebradas que lo recusan y que eliminan las diferencias entre forma y fondo; los bordes del cuadro predisponen a una continua asechanza por efectos de una aureola oscura, a la manera de un diafragma parpadeante que ya se insinuaba en los cuadros de Friedrich. En un espacio así concebido es crucial, inevitable, la aparición de Nosferatu.(1)

El Expresionismo es el único movimiento del cine que ha tenido una preocupación metafísica; quiero decir, una real preocupación metafísica, del contenido, involucrada en los elementos puntuales a los que acude para solucionar ciertas cuestiones de índole estética. Por ejemplo, la utilización de la luz, entendida como intensidad que anima al espacio y que deviene de la teoría de los colores de Goethe, quien consideraba que el negro no era un color sino ausencia de luz. Debemos añadir a esto que una perspectiva deliberada cuida que la luz sea reubicada por las formas geométricas de modo tal que las dota de un aspecto nuevo, inusual como inusual es la chatura de ciertos personajes.

Lo curioso pero también lo esencial de esta manipulación de los recursos, que en Murnau ha sufrido todas las variaciones hasta llegar al claroscuro, es el agregado de terceridad a la imagen bidimensional de la pantalla y todo lo que después extendió con ello. No sólo la impresión de profundidad con que la infinitud cobró una nueva relevancia, sino que, las partes intensivas por efectos de la dinámica del encuadre, sufren todo tipo de variaciones como en los planos de contracción–expansión entre personas y objetos de Fausto (2)

Estos serían algunos de sus aspectos formales. Pero también es necesario insinuar algunos de sus efectos narrativos; de sus argumentos que, si sostienen nuestra hipótesis, revelarán algo de la estructura imaginativa del Expresionismo o de Murnau. Hemos mencionado a El Golem. En la Aggadá talmúdica Adán es designado en un momento de su creación como Golem. Golem es una palabra hebrea que aparece en el salmo 139,16 de la Torá. Significa aquí y en las fuentes posteriores, lo informe, lo amorfo. Adán, a quien no le ha sido dada la facultad del logos. Yo creo, permítanme la digresión, que la ciencia, no sé si subrepticiamente, busca un Golem, una réplica de hombre. A eso le debemos los transplantes y la ingeniería genética, tal vez a eso le debemos la robótica y la informática, ya que la primera computadora se ha llamado Golem. A eso le debemos también ese film llamado Blade Runner que retoma algunos conceptos de la imagen del Expresionismo.

Bien, como pueden apreciar, el Golem revela su matriz en la Torá y ha sido interpretado por la cábala. Hay muchas versiones de una leyenda que narra las experiencias de un rabino que ha logrado por artes, que podríamos llamar mágicas, un Golem, es decir, un hombre que adolece la ausencia de la palabra, del logos. No quiero historiar las vicisitudes del Golem de Wegener, que tuvo dos versiones. Pero he aquí que el cine, un arte nuevo, un arte que ya intuía su condición de autómata, sostiene desde el punto de partida la cuestión del nacimiento o de la producción hombre. El origen, que es el tema central de la metafísica en Occidente y que pone en cuestión lo que hemos considerado lo propio del hombre, su actividad y su pensamiento. Es difícil reducir una estructura imaginativa a una imagen. Tal vez podría acercarnos a ella indirectamente. Uno de los autores expresionistas que continuamente releo es Kafka. Su obra abunda en animales o personajes animalizados que padecen fuerzas inescrutables. Por ejemplo en Informe para una academia, Médico de campo y La Metamorfosis, que está cerca de Nosferatu ya que ambas entrañan personajes que han sufrido o sufren una mutación; ambos carecen de libertad y no pueden desprenderse del extraño poder que los somete. Una y otra vez Kafka ha escrito relatos sobre animales u hombres animalizados y sobre ciertos artistas que delatan un rasgo común. Algo del autómata vincula al animal y al acróbata(3), y a todos los que realizan una tarea que depende de una sincronización crucial para su oficio o su arte; el arte circense, especialmente, en donde conviven autómatas del movimiento y seres excepcionales por alguna deformación. Las figuras del animal y las del acróbata que está signado por una incesante repetición. La repetición que posibilita la réplica y el autómata; no sólo los autómatas que Fritz Lang expuso en Metrópolis sino el autómata que es el cine y la condición nata que impone en el espectador ya sea porque lo ha fascinado la identificación o porque ha disimulado su condición de construcción. Es el propósito de esta nota, haber suscitado una cierta continuidad de hechos que me parecen esenciales: impulso vital contra la representación, vivificación del espacio, la luz involucrando a la teoría de los colores de Goethe y ciertas consecuencias: el negro entendido como ausencia de color que se presta para intuirlo como negación; la negación metafísica del blanco entendido como color del bien. El concepto de la alternancia lumínica que revela oposiciones fundamentales: orgánico–inorgánico, vivo no vivo, sueño– vigilia, que planteaban y siguen planteando algunos problemas originarios de la imagen: el tema del autómata o del hombre animalizado. ¿Será el asesino inconsciente de Caligari o el ser extraño metamorfoseado en vampiro, Nosferatu?.

Hay tres momentos con los que se puede ilustrar todo esto. Uno pertenece a El gabinete del Dr. Caligari y los otros dos a films de Murnau. Comenzaré por La última carcajada: En el ascensor del hotel y después montada en una bicicleta, la cámara realiza por primera vez un travelling en un circuito cerrado no sólo siguiendo a los personajes sino también desplazándose entre ellos. El punto de vista se torna así independiente, y dota de una vivencia inusual y una mirada sobrehumana a la cámara. No es casual que Murnau, en la culminación del expresionismo, haya efectuado ese logro. La cámara no se confunde con el personaje; está fuera de él. Es un otro ( un doppelganger) o siniestramente alguien o algo más. Un autómata mecánico capaz de animar lo inanimado y registrar cierta vida que se degrada o desciende junto al descenso real de la luz. En Nosferatu, Haecker que ha arribado a la lóbrega intimidad del Castillo, está a punto de dormir. Lee las aventuras de Nosferatu, que narra su propia realidad y no lo sabe. Durante el sueño es succionado por el temible conde, a quien encuentra al despertar al pie de su cama. Hacia el alba escribe a Nina: “He tenido sueños terribles, pero no te preocupes, son sólo sueños”. Y en realidad hay sueños terribles que se confunden con nuestra realidad. Más de una vez despertamos temblando. Pero más de una vez eso reveló que la fascinación de las imágenes, el automatismo que incesantemente proyectan en los espectadores, hicieron olvidar las diferencias entre lo que ellos y los personajes ven. En El gabinete ..., el sonámbulo vestido de negro, que es enviado bajo el poder de Caligari a asesinar, se encuentra ante su última víctima, Ellen, que duerme vestida de blanco y se detiene. No es difícil advertir que el blanco ha detenido al negro. La luz a la tiniebla. Sin embargo me surge una pregunta: ¿no lo hará porqué Ellen durmiendo le revela  a él su condición de durmiente?

 

Víctor Zenobi

 

NOTAS:

 

(1) Ahora juzgamos a Nosferatu como expresionista, pero en realidad es un film de exteriores, inusual para ese momento en Alemania. Los filmes expresionistas eran fieles al Kammerspiel, que se atribuye a Carl Mayer. Sobre lo que no cabe duda es en el tipo de actuación de los personajes y en la máscara que Murnau tomó de Platz, una pieza expresionista de Fritz von Unruh.

 

(2) Tanto en Fausto (Faust, 1926) como en La última carcajada (Der letzte mann,1924) Murnau apela a la cábala desencadenada, pero en los dos años que median entre uno y otro film ha aprendido a dosificar las profundidades del travelling y la extensión de las miras. En La última carcajada, Murnau arriba a la perfección de su arte y acaso nadie como él ha podido sugerir la expansión de lo sobrenatural o la infinitud en un estudio.

 

(3) El vocablo alemán der artist significa acróbata. Su procedencia francesa revela una vinculación entre lo artístico y lo circense. Que la figura del acróbata tenga una pertinencia puntual al expresionismo puede rastrearse hasta en las más tardías expresiones. En El Huevo de la serpiente, Bergman acudió a David Carradine por su movilidad acrobática, circense, para interpretar al personaje central.

 

Filmografía Murnau editada en video:

 

El castillo Vogelod, 1921 (Época)

Nosferatu, 1922 (Círculo Cultural del Cine)

La última carcajada, 1924 (Memories)

Tartufo, 1925 (Época)

Fausto, 1926 (A Video)

Amanecer, 1927 (Época)

El pan nuestro de cada día, 1929 (Época)

Tabú, 1929/31 (Época)